miércoles, 1 de febrero de 2017

Hoy quiero dar un paso atrás en mis palabras...

Reconocer que en un tiempo al fin pasado, anduve irresponsable, frívolo e ignorante. Creía que la vida era algo más que un poema y que todas las noches saldría con la misma chaqueta a tirar la basura.
Que los continentes se separarían en dos, que la lluvia nunca caería en mi jardín, que no habría un final tan malo para un comienzo tan bonito, y que los ojos de quien me lo quitó todo, ya no serían capaces de quitarme nada.

Pensé por pensar que aquello en lo que siempre creí, mi lucha, mi religión, mi escuela, mi catedral...,siempre sería lo más importante, lo divino y lo correcto.
Pero todo era un engaño, todo era mentira. Aquellos dioses no eran más que falsos profetas. Seres vulgares de mente brillante y tabique roto capaces de engañar a cualquiera que escuchara sus cantos celestiales. Como sirenas en un océano de tiburones que atraen al turista ignorante con su belleza, pero cuando las miras de cerca, son horrorosas, esperpénticas, un fraude...

Y ahora que he vuelto del cielo, ya no sé si creerme nada de lo que allí hay. Ya no sé si los golpes de pecho, las noches sin dormir, los premios, los ''te quieros'' y los credos son fruto de la pasión y la devoción, o si por el contrario son fruto del coqueteo con las dulces garras de los placeres más envenenados.

Lo que sí se con total seguridad, es que hay páginas del libro que no se pueden borrar porque se graban a fuego, como una maldición, como un recuerdo de lo que un día amaste y perdiste. Pero el libro tiene más hojas, y siguen estando ahí, en blanco, y nadie va a escribirlas por ti.

Probablemente, el artículo que menos hayáis entendido. Para mí, el más importante.

Fin de la cita.

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